martes, 14 de octubre de 2014

LA PELIRROJA Y EL BEAGLE


    
     Hoy toca recuperar otro de esos ejercicios que hice para el taller de escritura. En esta ocasión se trataba de trabajar una técnica de narración, la del narrador omnisciente, la del narrador que sabe todo de la historia, incluso lo que piensan cada uno de los personajes. No sé si se logró el resultado del todo, pero ahí va, aunque en esta ocasión le cambiaremos el título al relato.   



     Apareció a gran velocidad, repentinamente, tras doblar la esquina de la calle, rompiendo la tranquilidad del barrio. Se trataba de un Audi A6 rojo último modelo que levantó la expectación de todos los presentes en el bar de Paco, que asomados a través del escaparate, pensaban si algún día podrían tener ellos un coche como aquel. Aparcó a la primera, casi sin maniobrar. Fue entonces, cuando se abrió la puerta, cuando verdaderamente quedaron estupefactos. Unas larguísimas y hermosas piernas, estilizadas por unos finos zapatos de tacón de aguja y por una pequeña minifalda, que se hacía todavía más pequeña al aparecer recogida, fue lo primero que vieron. Lo siguiente les dejó sin habla, casi sin respirar. Era un portento de mujer, bella como ninguna otra. No sabían que les gustaba más, si su larga melena pelirroja, su insinuante busto, o la hermosa cara que se adivinaba detrás de las grandes gafas de sol. Fueron apenas unos segundos, pues rápido dio la espalda a los inauditos clientes, dispuesta a cruzar la calle. Sin embargo, el instante debió ser mágico para Carlos, el profesor de arte, que sin pensarlo un segundo dijo “Si Miguel Ángel se hubiera decidido a esculpir mujeres, ese habría sido el resultado”, a lo que le siguió una cantidad de ruidos extraños por parte de los incultos clientes del bar que sin embargo confirmaban lo acertado del comentario. Cuando se giró para cerrar el coche con el mando a distancia vio como aquel sucio chucho sin aparente amo levantaba su pata y comenzaba a orinar sobre el neumático trasero. Retrocedió un par de pasos y soltó un puntapié que de haberle acertado podría haberle dejado sin un ojo, sin embargo el perro, un Beagle marrón, negro y blanco, estuvo lo bastante avispado como para evitar el golpe, separándose unos metros y quedándose desafiante mirando a la hermosa mujer, por la que el perro no sentía ningún aprecio carnal. Enojada, se volvió a girar, cruzo la calle y entró en el banco que hacía esquina.

     Diez minutos después, y ante la expectante audiencia del bar, la hermosa mujer abandonó el banco, cruzó de nuevo la calle, montó en su flamante coche y volvió a marcharse a toda velocidad torciendo a la izquierda.


     El reloj pasaba de las dos de la tarde cuando en el barrio comenzaron a oírse unas voces cada vez más angustiadas. ¡Adela! ¡Adelita! Adela, hija mía, ¿dónde te has metido? Comenzaron a preguntar por todo el barrio. Entraron en el bar de Paco y preguntaron si habían visto a su hija Adela, que estaba jugando al paty en la calle a la vuelta de la esquina. Nadie había visto nada para disgusto de la madre. Al día siguiente, transcurridas las 24 horas reglamentarias para cursar una denuncia por desaparición, se personó la policía en el bar. Habían abierto una investigación y querían saber si algún cliente había visto a la niña. Ante la negativa, el inspector Losada preguntó si recordaban algo anecdótico de la mañana anterior. Al principio todos negaron, pero de repente, Carlos, el profesor de arte, se acordó de Miguel Ángel. Advirtió al inspector Losada que no creía que tuviera que ver nada, pero le contó la angelical aparición de la pelirroja y su Audi A6 último modelo. Losada no dio por interesante la información.

     Dos días después, en el laboratorio de la comisaría, mientras revisaban el video grabado por la cámara de seguridad del banco, comprobaron como la niña aparecía en alguna secuencia, y como a partir de cierto instante dejaba de aparecer. Era justo un minuto después de ver como se marchaba la misteriosa mujer pelirroja. No consiguieron ninguna imagen en la que se viese que la niña montase en el coche, pero por fin tenían una sospechosa. Rebobinando el video hacia delante y hacia atrás intentando adivinar la cara de la mujer vieron la escena de la meada del Beagle marrón, negro y blanco. Un excelente perro sabueso se dijo Losada. Había que encontrar a ese perro y a su dueño, la vida de una niña estaba en juego.

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